viernes, 29 de noviembre de 2013
Jodido Diciembre.
Ya te he hablado de la locura, ahora déjame que te la enseñe.
Aprendí a volar y nada cambió, las hostias que antes me daba contra el suelo
pasé a dármelas contra el techo de esta jaula.
Hice mil escalas en mis viajes, aprendí a vivir de aeropuertos;
de oídos en los que retumbarían mis pesadillas
en sus próximos mil destinos lejos de mi.
O incluso mil y uno. Tampoco estaré el mil dos.
He dormido con mi cuerpo ocupando tres sillas de plástico
y ninguna me resultó lo suficientemente cómoda.
Supongo que las mentes prefabricadas no me excitan,
y yo soy un jodido enfermo del morbo que no cree en la química.
Después de tantos despegues y aterrizajes
Más allá del tabaco y sus alientos importados
y 'te quiero´s' de contrabando camuflados en sexo.
Lejos de tu cuerpo y retozando con tu cerebro,
y en él,
he tenido orgasmos de alegrías que no marchitarás
porque fueron efímeras.
Y ahora aquí,
un aterrizaje de emergencia sobre tu piel.
Lo
considero
inevitable. (Lo Quiero Inevitable.)
Me quedaría aquí a ver, sin moverme, que clase de utensilio macabro utilizará la vida para separarnos. Como he hecho siempre.
Por ver caer su ley en un gesto insalvable entre nosotros y separar los finos lazos que levantan las palabras vivas de un muerto.
Pero pienso, que prefiero que me separe a mi por la mitad que no a nosotros por medio.
Sin miedo; ¿qué hay más bonito que eso?
jueves, 10 de octubre de 2013
Va de drogas.
Cuento los adioses con los dedos de una mano que no tengo, para que me entren todos sin que parezcan muchos; para volverme un poco menos loco. Es la única forma de que mis venas no acaben por pedir la clemencia de una aguja, o mi nariz la facilidad de un paso de peatones, cuanto más largo mejor, para cruzar esa jodida calle por la que fantasmas conducen mis recuerdos a toda velocidad. Y es que a este paso a saber dónde acabamos todos, yo que he odiado los porros como el típico viejo que se deja la paga mensual en ginebra y detesta a los jóvenes, de los de fútbol y burdel. Y aquí estoy, calada tras calada, mirando los barrotes de la jaula sin saber que hacer. Os juro que o parto todos mis huesos contra ellos, o acabo con todos vosotros. Compañeros de celda. Hijos de puta.
lunes, 30 de septiembre de 2013
Confeso.
"No es verdad ángel de...(Bang Bang)"
Supongo que soy ese al que le cuesta asimilar adioses definitivos, el que quemaba tus recuerdos cada noche como señal de socorro esperando que volvieses.
O todo o nada. Y no lo digo yo, lo decían tus ojos petrificados en trozos de papel plastificados;
joder, que todos sabemos que las fotos son de ese material con el único fin de que no se empapen con las lágrimas.
Me dijeron que parte de la culpa es mía por no creer en dioses, de esos que te prometen volver a ver lo que ya no está, cuando tú tampoco estés, en un lugar que nunca estuvo.
Y oye, que no siento en absoluto el sacarte de tus casillas si eso nos lleva a descubrir nuevos lugares.
Tal vez algún horizonte nuevo que observar juntos sin darle mayor importancia, exento de la tercera dimensión, como quien mira un cuadro; y sí, mientras te como. Cómo no.
Lo cierto es que hacerte cosquillas es mi forma de exprimirte las sonrisas. Ya sabes, yo dándote el coñazo sobre cómo el fin justifica los medios. O por lo menos que los medios que elegimos nosotros mismos justifican cualquier fin. Quizás mañana nos de igual dónde terminemos. O dónde empecemos.
Yo he vomitado en cada esquina en la que el amor me sugería olvidarte. A su cara. Para que se fuera a tomar por culo y me dejará estar contigo; de la manera que fuese.
Y al resto qué deciros. Os quejáis de vuestros despertadores, pero ninguno habéis oído el disparo de su portal al cerrarse.
...y mucho menos habéis caminado hasta casa con la bala en el pecho, aún caliente y oliendo a ella.
Ahora en serio... daría de hostias a cualquiera que te llamase princesa.
sábado, 28 de septiembre de 2013
7 Vidas. 6 Balas.
Se mudaron las estaciones y tú y yo nos quedamos a ver como se lo tomaba el corazón. Como una madre soltera haciendo cuentas a la luz del flexo después de acostar a sus hijos. Futuro incierto. Con el destino marcado en el mapa si te pintas los ojos antes de salir. O aquí sin ti, escribiendo(te) mientras la vida me da el coñazo con sus imposibles. Nunca quise no mojarme cuando llueve, créeme, solo sueño con empaparme contigo y llegar a casa juntos, con la ropa calada y los ojos secos. Con alientos drogados y el calor viciado de tu olor borrando las lágrimas tóxicas que esta ciudad disparó a bocajarro en nuestra piel; utopías infantiles de adultos forzados, soñando con sábanas a las que no les importe ser toallas. En noches sin tregua que nosotros nos tomamos libres, sin nada que decirte, ya sabes, apretando el botón que pone al mundo en "mute. Y mis ideales preguntándome cómo me puede importar más tu piel que todo lo que ocurra en la jodida corteza terrestre. No me mientas, el roce no hace el cariño tan solo una puta llaga.
Con siete vidas por corazón y esta pistola de tan solo seis balas.
sábado, 14 de septiembre de 2013
Tigo.
Ella sonrió, y fue entonces, cuando en medio de la tormenta, distinguí una diminuta pero intensa luz.
Yo flotando a la deriva mientras me axfisia el aire, mientras se comen las gaviotas todos los recuerdos que nunca ví. A mercez de unas olas xenófobas que ni con el pasaporte de tu voz, sellado con la huella de tu piel, me dejan entrar en las entrañas de la inmensidad que guardan. Que son. Que yo llamo cielo. Y me cago en la puta lluvia que me moja mientras duermo, que me despierta ilusionado y pensando que no ha sido ella sino el mar. Que ingenua, como si yo no supiese distinguir a las lágrimas de algún dios inútil de las tuyas, de tu saliva; junto a la mía, y de todo lo demás que un día se mezcló con ella sobre mis labios.
Y tú ahí, bailando bajo el agua del mismo océnano, al ritmo de los truenos ahogados antes de tocar tus tímpanos... otros tantos ilusos que creyeron que eras suya. Y te imagino respirando mil olores que yo nunca me podré imaginar, ¿que cómo es eso? pues pensando en ti sin saber ya ni donde paras a tomar café, si ya puedes bebérlo sin que caiga en él algo de sal. No me mires así, te juro que yo soy ancla para llegar hasta tí. Y sí, ya me sé cómo morir pero pienso en ti y casi que prefiero aprender a vivir.
"tigo"...sin el "con", para que no sea del todo un "contigo". Si no estamos no podemos dejar de estar.
Ten un orgasmo, dime te quiero o dame un beso; pero que no conste en acta.
Esto nunca ha pasado, por eso nos pasa.
domingo, 4 de agosto de 2013
Cardiografía.
Descúbreme los secretos que guardan todos esos laberintos y muros
que eregiste sobre camposantos de emociones, que cierran con tanto ahínco los portones
que protegen todos tus mordiscos y a ver si así, de una vez por todas,
termino de perder la cabeza por tus colmillos.
Porque tú no sabes como me dolió cuando me desvirgaste el corazón a sonrisas;
aún sin prisas y con pausas.
Con tu adiós enquistado en mis entrañas y el recuerdo de tu sonrisa descorchando mi mirada, amputándome los párpados y vaciándola de este mar en el que se nos fue la mano con la sal.
Ahora saco tiempo a las cosquillas que no te haré, con ese siniestro placer que me produce el dejarlo correr y osar perderlo entre versos de quirófano que yo observo,
totalmente exento de cordura, esperando un hálito de vida que nunca llega.
Día 126: El problema reside en el suero de la vida; le falta tu saliba.
martes, 30 de julio de 2013
Grisáceo.
Los días se destiñeron, como se destiñe todo lo que envejece, con esa degradación lenta pero inexorable tan característica del paso del tiempo. Primero le tocó al azul del cielo que se llevó consigo al del mar, por esa hendidura del horizonte que siempre les quiso tanto unir como separar. Después le tocó al rojo del ocaso, luego al carmesí de tus labios, y juntos se llevaron el tono exacto de mi sangre y hasta su calor. Más tarde le llegó el turno al verde de los prados, y del aliñe de tus cigarros; de las hojas y de las plantas que siempre nos miraron y nunca regamos. Se fué el amarillo del sol, con el dorado envejecido de tu pelo, se fueron todos y el resto. Y por último y sin remedio, hasta el tono exacto de tu piel.
La vida quedó en escala de grises, y yo me quedé observándola recordando el único tono que nunca me abandonó: el de los coloretes de tus mejillas al darlas calor.
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