lunes, 8 de julio de 2013

Quimera.






Te recuerdo desnuda y te miro a los ojos, y no será porque no tenga ganas de comertelo todo.
Inquieto, porque no sabía que también pudiese faltar el aire en sueños. Pero eso es bueno -deduzco- quizás mañana volvamos a corrernos juntos. ¿Quién más iba a creer que el cielo es un séptimo?
Pero te planto cara, porque una sola muestra de debilidad, de intención de ceder, puede hacer ver que nos queremos;  y eso no es bueno.
" -Te vistes y nos vamos." te dije, y por eso nunca más nos fuimos. 
Y míranos, jugando a olvidarnos, como si así pudiésemos hacerlo; quizás así lo hagamos. Porque pese a todo, ¿para qué se juega si no es para ganar?

lunes, 1 de julio de 2013

Mi oficio.


Me hablan de oficios y yo pienso que el mejor casi con certeza lo tiene el viento,  por eso de golpear, acariciar y mecer tu pelo. Pero no, no puede ser tan sencillo elegirlo.
Tal vez lo tenga el suelo en el que queda impresa la huella de tu pie desnudo, o la ola que se llevó tu culo. Quizás el calor del que siempre serás presa, al que nunca podrás desterrar, al contrario que los hombres, de tu alcoba; el que siempre te hará sudar.
E imaginar el de cristal líquido que escandaliza tus poros, o el porro que te mece y te canta una nana al oído, con la serenidad que solo puede tener el humo. Pudiera ser, digo yo que podría ser, el de sueño, para poder entrarte a cada noche de lleno. Y tú sin posibilidad de huída.
Pero que hablo de oficios, si el mejor de todos es el mío; el de saber como eres con todos mis sentidos.

lunes, 17 de junio de 2013

Telonera.




Buenos días, telonera. Y tú me sonríes como si el mayor grito de dolor pudiese ser el más placentero orgasmo. Por eso de vivir aquí, en distintos planetas pero alrededor del mismo astro, del mismo roto y con el mismo cosido, e ignorar el hecho de que si alineásemos nuestras pupilas más de lo debido, entrelazaríamos nuestros dedos sin remedio. Sin ninguna oportunidad de huida.
Por sentarnos a ver si el sol quiere como se fusionan nuestras sombras, y verlas fundirse en una sola sin que la frontera de la piel incida, sincronizándolas en escala de grises y grabando así en el suelo la silueta que pego cada noche en mi techo. 
Por eso de seguir andando ciegos, entre precipicios y paso a paso, al ritmo de artilugios ancestrales que despiertan del coma para enseñarnos la demencia más cuerda. Esa que se borda poco a poco y con delicadeza en tu lengua. 
Que si no te veo me siento un rato a recordar tu sonrisa, a ver como induce una vez más el caos en mi cuerpo. Y mientras afuera el mundo termina de volverse loco.
Lee todos los libros, aprende cuanto puedas y luego quémalos porque todos ellos mienten. ¿Anatomía? la verdad es mucho más sencilla: el cuerpo es solo una extensión del corazón para poder querernos. Abres el telón, comienza la obra y tú te vas. Y yo me quedo esperando un final que nunca empieza. Me habré confundido de hora. Respiro, miro un reloj al que robaste las agujas en un descuido.  
Y apareces, aunque sea tan solo para cerrar el telón. 
Y es así como yo aunque con frío consigo dormir, porque sé que si vuelves a cerrarlo, es porque duermes tras él, cerca de mi... y porque mañana lo volverás a abrir.

martes, 11 de junio de 2013

Luces De Septiembre.




"Hace una eternidad, en los peores días de la guerra, tuve un sueño. En él, volvía a recorrer la playa del Inglés contigo. Todo era como antes... todo menos nosotros. Éramos un par de viejecitos. Tú ya no estabas para navegar y yo tenía el pelo tan blanco que parecía ceniza. Pero estábamos juntos. 
Desde aquella noche he sabido que algún dia, no importaba cuándo, llegaría nuestro momento. Que en un lugar lejano, las luces de septiembre se encenderían para nosotros y que esta vez, ya no habría mas sombras en nuestro camino.


Esta vez sería para siempre."

sábado, 25 de mayo de 2013

Mi morfina.

Siempre me he preguntado que sería aquello en lo que pensaría en ese último segundo antes de morir. Ahora estoy en paz al saber que será tu sonrisa, sin lugar a dudas, mi beso de despedida, esa última caricia invisible; la última sensación de calidez. Ya no me preocupa la idea de irme, no es cuestión de que tenga o no prisa por hacerlo, sino de que simplemente por fin sé como la recibiré.
Y tú habrás sido la mejor oportunidad para redimirme, para olvidar. Para vivir. La que se hizo un hueco junto a él.
Mi morfina.


martes, 21 de mayo de 2013

Ciclo.


Sin duda lo peor de que te torture esta vida por el día, es que al llegar la noche no haya nadie para curarte. Y llegar a la cama con el temor de que el sol atraviese en cualquier momento la persiana y se hunda en tu ojos, secándolos, quemando los sueños. Tierra estéril. Y mientras tanto la vida real tan ignífuga como siempre.
Con todos esos ruidos que no quieres oir resonando en tu cabeza, con una armonía impropia de una composición tan dolorosa y psicodélica. Y al compás de ésta y siempre firmes, tus tormentos, que nunca duermen y bailan libres entregando tus bostezos como presente a los lustros. Tu piel sufre el mono de unos labios, de unas manos, de otra piel; pero hoy como ayer en su lugar solo están las sábanas. Con el cuerpo semirígido sobre una cama que a cada día resulta más incómoda, preparándose para encajar ese golpe que nunca sabrás librar y que algún día dejarás de recibir. Y es por eso, y quien sabe si algo más, que ahora saboreas tranquilo como el sol se descuelga lenta pero inexorablemente de su trono en el cielo. Sabes que volverá, y con él éste infierno.

Más algún cielo que alcanzar.

domingo, 12 de mayo de 2013

Another Night.


Perdí la vida un 6 de Diciembre. Y no, no sé como he llegado hasta aquí, ni tengo la menor idea de que es esto si no es mi vida. Mi historia se tatúa lentamente sobre mi piel cada noche, mientras duermo, y mi infancia es una herida que no cicatriza y sangra cuando nadie mira. Aún siento unos dedos dos años más viejos que los míos, que por aquel entonces me parecía una eternidad, hundiéndose en mi cabello. Y aquellos labios dulces que maldijeron mis heridas para siempre, cargados de morfina para ocultar el veneno, arrebatando el derecho a sanar. Un aliento que cauterizaba cada llaga que habían dejado las lágrimas en mi rostro; una condena eterna sin derecho a final. Aquellos ojos gritando sueños e infinito mientras su mirada susurraba torturas que aún hoy hacen que me estremezca con solo recordarlas.
Sé que estoy pagando el precio por lo vivido, y no me avergüenzo de ser un preso que sueña con una risa que abra la cerradura y una mano que le lleve lejos de aquí.

Me aguantaré las ganas, pero que mis últimas palabras para ti sean "te necesito aquí".